
Si hay un año en que han pasado cosas polémicas; hubiera sido este año. Me carga, porque siempre pasa lo mismo. Siempre las cosas importantes pasan cuando no tengo blog, por la chemimare. Y si ahora estoy escribiendo acá no es porque me convencí que gracias a blogger tengo poder ciudadano y puedo cambiar el mundo (?) sino porque si no escribo me voy a volver loca; y no es talla. Y aparte, hay que decirlo, Facebook me aburrió.
Yo siempre he creído que todas las poseedoras de dos cromosomas X tenemos cierta predisposición a las habladurías, cuitas o murmullos, todos nombre siúticos para hablar de nuestra muy querida copucha. Ok, yo lo acepto, pero una cosa son las copuchas y un pelambre que no le hace mal a nadie y otra cosa son esos cahuines de vieja conventillera que te dejan marcando ocupado. Y si hay algo que me impresiona es como personas pueden mentir tan descaradamente, saludarte con la media sonrisa y después, literalmente, apuñalarte por la espalda. Y NI SE ARRUGAN.
A lo mejor los lectores de mi antiguo blog se recordarán que estamos en una fecha cercana a mi cumpleaños; días llenos de reflexiones trascendentales y meditaciones respecto a la inmortalidad del cangrejo. Pero no quiero empezar mi primera entrada del blog hablando de eso, porque si a mi me latea pensarlo; como los lateará a ustedes, mis pocos lectores, el leerlo (asumo que habrá al menos uno, para no sentirme tan ñoña). Eso sí; les puedo contar la última que tuve. Pensaba en el cúmulo de acontecimientos que nos habían rodeado a mi y a mis amigas -que son menos, pero está claro que son las que valen la pena-, pasaron realmente porque tenían que pasar, porque era un aprendizaje, un paso necesario para crecer; o simplemente, eso es lo te dices para justificar cosas que no tendrían que pasar si todo el mundo tuviera un mínimo de decencia. Me temo que aunque llegue el seis de noviembre y con ello el cese de mi depresión precumpleaños, esa es una pregunta que no seré capaz de responder.
Ah, y como comentario random, me encanta ese cuadro de Picasso. La sonrisa que tiene se parece a la mía cuando pienso en alguien que quiero mucho, aunque hasta donde yo sé, tengo una nariz y no dos.
